Para entender el triste suceso de la Noche de los Cristales Rotos hemos de retroceder hasta 1933. Momento en que Adolf Hitler subió al poder para hacerse con la cancillería de Alemania. Un año más tarde, en 1934, falleció Paul Von Hindenburg, jefe de estado, momento en que Hitler tomó el poder, convirtiéndose en dictador.

En 1935, el Partido Nacional Socialista, aprobó las leyes de Núremberg. Con ellas, los ciudadanos judíos se convirtieron en alemanes de segunda clase, y desde ese momento no iban a disfrutar de los mismos derechos que los demás. Entre ellos perdieron cualquier tipo de derecho político, la posibilidad de casarse o mantener relaciones con personas de sangre alemana: los judíos alemanes perdieron su nacionalidad.

El Partido Nacional Socialista consideró judía a cualquier persona que independientemente de su creencia, tuviese entre sus orígenes al menos a tres abuelos judíos. A causa de esto, miles de personas que se habían convertido a otras religiones, pasaron a ser consideradas judías, incluyendo monjas, curas o pastores protestantes.

Entre 1935 y 1938 la comunidad judía vio cómo sus derechos fueron mermando paulatinamente mediante una feroz normativa que le impedía usar el transporte público o la bicicleta, comprar a cualquier hora al supermercado, etc. Todas estas directrices tenían un objetivo claro: segregárselos totalmente de los “ciudadanos alemanes”.

¿Qué antecedentes causaron este fatídico suceso?

El 28 de octubre de 1938, la gobierno Nazi, decidió expulsar a los judíos de origen polaco residentes en Alemania. De este modo, 17.000 personas, fueron obligadas a cruzar la frontera germano polaca. En aquellos momentos, Polonia se vio incapaz de asimilar rápidamente a tantísima gente, por lo que sólo permitieron la entrada a aquellos judíos polacos que hubieran residido en el extranjero menos de 4 años. Esto provocó que cerca de 8.000 personas se quedasen atrapadas en la frontera. Entre ellos, los padres de Herschel Gynszpan, un judío polaco que vivía en París, Francia.

Herschel Gynszpan, desesperado por la situación de su familia, acudió a la embajada alemana de París el 7 de noviembre solicitando ayuda. Ante la indolencia de los funcionarios alemanes, Gynszpan perdió el control y asesinó a Ernst vom Rath, diplomático adjunto de la embajada. Este hecho iba a marcar los acontecimientos de la Noche de los Cristales Rotos.

Tan sólo dos días más tarde se celebraba el aniversario del Putsch: el fallido golpe de estado que Hitler intentó en 1923. El partido nazi decidió sacar a la luz el asesinato cometido por Gynszpan, en el aniversario del Putsch: el 9 de noviembre de 1938. Esto supuso un antes y un después para el devenir de los judíos europeos.

Joseph Goebbles, ministro de propaganda Nazi, pronunció un discurso en el que avivó el sentimiento antisemita de las masas; en él declaró que Gynszpan no actuó solo, sino que lo hizo formando parte de una conspiración judía.

Surgimiento de la noche de los cristales rotos.

Finalmente, el partido Nazi, en la madrugada del 9 al 10 de noviembre de 1938, envió a las S.A., las S.S., y otras formaciones del partido, para atacar y destruir todo lo que tuviese que relación con la comunidad judía: hogares, escuelas, parques, sinagogas, comercios…

La mañana del 10 de noviembre, una vez cesada de la violencia, las calles estaban llenas de cristales de escaparates y ventanas. Razón por la cual, se conoce aquella oscura madrugada como la “Noche de los cristales rotos”.

Las funestas consecuencias de aquella noche fueron tan numerosas como dramáticas: docenas muertos, 17.000 personas de religión judía aproximadamente fueron enviadas a campos de concentración. Además se grabó a la comunidad judía con una multa que rondó los 320.000.000 marcos alemanes y fueron los propios judíos quienes tuvieron que hacerse cargo de todos los daños (siendo el estado alemán el beneficiario de las pólizas de seguros).

Tras la Kristallnacht, los judíos fueron excluidos definitivamente de todas las áreas de la vida pública en Alemania.

Es por ello que la Noche de los Cristales Rotos marcó un antes y un después en la historia de Alemania. Y es motivo de comentario en nuestros tours por Múnich.

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