En Belém encontramos unos de los monumentos más emblemáticos y representativos de la ciudad de Lisboa: el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Belém. Esta última fue construida entre los años 1514 y 1520 estratégicamente en el margen norte del río Tajo y llegó a ser una de las joyas y principales representantes del reinado de D. Manuel I.

Aparte de su localización, la construcción de la Torre fue pensada para dar a los militares que ahí se encontraran una ventaja contra los enemigos de los portugueses. Al otro lado del río Tajo, podemos ver todavía restos de otra torre -la Torre Vieja- que fue mandada a construir por el rey D. João II para que, en caso de una invasión, los portugueses se pudieran defender por los dos flancos.

La Torre de Belém es, definitivamente, un referente cultural. Pensado como el guardián de la individualidad y universalidad de los portugueses fue declarado por la UNESCO como “Patrimonio Cultural de la Humanidad” en 1983.

Estructura de la Torre de Belém

En el exterior de la torre podemos apreciar diversos detalles arquitectónicos correspondientes al estilo Manuelino (del reinado de D. Manuel I), pero probablemente lo que más llama la atención, si observas fijamente, es el rinoceronte que se encuentra en la base de la estructura. Este rinoceronte está representado a aquél que fue ofrecido al Rey Manuel I de parte del Rey de Cambaia. Esta criatura fue la primera piedra trabajada de esta manera en la Europa de entonces y sirve como prueba clara de la interacción que Portugal mantuvo con otros pueblos y culturas.

El estilo Manuelino es reconocido por elementos que nos recuerdan al océano; por ejemplo, cuerdas terminando en nudos recordando aquellas utilizadas en los navíos de los descubrimientos; criaturas exóticas, la cruz de la orden militar de Cristo, entre otros.

La Torre de Belém: ¿Una prisión?

A lo largo de los años, la torre fue perdiendo su función de defensa de la entrada del Tajo. Sirvió entonces de farol y también de prisión política a partir de 1580. Este año la Torre es entregada al Duque de Alba, cuyas fuerzas representaban el dominio español. En esta altura, la torre fue expandida para albergar más soldados.

Finalmente, ¿Vale la pena visitarla? ¡Por supuesto que sí! Es una estructura completamente fascinante, que además de contener mucha historia a su alrededor es ideal para dar un paseo y disfrutar del parque y las vistas hacia el río. Visitar la torre es, sin duda alguna, una parada obligatoria en tu visita a Lisboa. Por ello, damos la oportunidad a través de nuestro Belém Tour.

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